Tras haber experimentado la dicha de escuchar el silencio, de vivir su grandeza y de percibir su sensibilidad, creo que nada pudiera ya comparar con tan soberbia maestría.
Se nos escapa la vida entre ruidos y alborotos, y nos dejamos la esencia perdida en momentos de confusión, sin poder regocijarnos ni un momento en la magnitud de un simple instante.

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