La lluvia sonsaca los suspiros
elevándolos en la estancia,
la ventana entornada los deja volar
y parten presurosos en su afán de templanza.
La lluvia sigue golpeando
con suavidad en el cristal,
éstos ya están lejos,
pero más volverán a escapar.
La lluvia se detiene,
empañado queda el cristal,
pero detrás de ellos
la vida no deja de respirar.

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