Y no, no eran alas mullidas de blanco inmaculado,
eran en cambio grises ceniza, con aire opaco.
Y no, no era una sonrisa lo que asomaba en sus labios,
era en cambio una mueca dolida, con ojos vidriados.
Y no, no era un ángel que gustara mirarlo,
era en cambio un alma rota, con grandes regalos.
Y no, no me alejé sigilosa como si no hubiera pasado,
en cambio... me abracé fuertemente...
...y aún no le he soltado.

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