Siento un extraño calor que se acerca y se apodera de mí pausadamente, cálido abrazo que me aprisiona.
Noto mis mejillas encenderse como si una emoción aflorara desde mi corazón, y mis ojos se aclucan en un agradable bienestar.
Mis oídos creen escuchar un susurro, una tenue voz que dice cuanto me quieres, y mi piel se eriza súbitamente, mientras mi corazón se acelera preso de tan divina ilusión.
Quiero quedarme estática en el tiempo, y permanecer así toda la vida, quiero sentir que esta sensación es lo único que me mantiene cuerda, pero me engaño, una y otra vez, me engaño.
Tal vez mi cordura sea el borde que me precipita a la locura.

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